Aunque estar totalmente vacunado contra el COVID-19 reduce drásticamente las posibilidades de ser hospitalizado y de morir a causa de la enfermedad, las vacunas no eliminan por completo los riesgos de infección.
Por ello, los expertos en salud han seguido pidiendo a las personas practicar otras medidas preventivas, incluido el uso de tapabocas para beneficiarse de una capa adicional de protección durante la pandemia.
Pero más de un año y medio después, ¿qué más han aprendido los científicos sobre la capacidad de los tapabocas para frenar la propagación del coronavirus? ¿Y siguen siendo eficaces los tipos de tapabocas recomendados por las autoridades de salud a medida que van apareciendo variantes más peligrosas?