
Proteger la selva que se extiende entre México, Guatemala y Belice va más a allá de la declaración de 5,7 millones de hectáreas como reserva natural en el recién nombrado Corredor Biocultural Gran Selva Maya.
Implica voluntad política y muchos recursos para luchar contra quien la destruye, tanto explotaciones agro-ganaderas, mineras o madereras como el crimen organizado que se mueve por esas tierras, coincidieron todos los involucrados.