
El olor a huevos podridos invade la casa de Steve Eggers en el Sur de California, especialmente de noche cuando el cercano río Tijuana se llena de espuma debido a las aguas de albañal de México antes de desembocar en el océano Pacífico.
Egger, de 72 años, y su esposa amanecen congestionados y tosiendo con flema y los dolores de cabeza son frecuentes. Su hogar está equipado con un sistema de filtración de aire de calidad hospitalaria que circula el aire cada 15 minutos. Aun así, “la mayoría de las noches respiramos un hedor horrible”, dijo Egger.