
Cuando los mexicanos acudan a las urnas el 2 de junio, lo harán en un país cada vez más polarizado que sigue luchando con enormes niveles de violencia en grandes áreas de su territorio.
Docenas de grupos del crimen organizado ahora controlan ciudades, vecindarios y poblados rurales. Los cárteles más grandes de México han abierto nuevos frentes violentos en rincones tan lejanos como la selvática extensión de la frontera entre México y Guatemala. No sólo luchan entre ellos, sino que extorsionan incluso a los estratos económicos más bajos para financiar sus actividades ilícitas.