Apartándose de la práctica habitual, los gobiernos federal y estatal están repartiendo los escasos fármacos terapéuticos que tratan el COVID-19, decidiendo dónde irán y en qué cantidades.
Normalmente, las farmacias o los centros de salud piden lo que necesitan directamente a los fabricantes de medicamentos. Pero dos tratamientos de anticuerpos monoclonales que pueden salvar vidas y dos píldoras orales antivirales han escaseado durante la oleada de ómicron, lo que ha provocado un enfoque diferente.
Al principio de la pandemia, los estados compitieron por el limitado suministro de ventiladores, equipos de protección personal y pruebas en una caótica batalla campal. Para evitar que se repita, el gobierno federal está comprando millones de dosis de los medicamentos terapéuticos para el COVID-19 y asignándolos a los estados, que a su vez los distribuyen a las farmacias u hospitales.