MINOT AIR FORCE BASE, N.D. — Cuando en 1970 se bajaron por primera vez cientos de misiles balísticos nucleares terrestres a silos subterráneos de cemento repartidos por los vastos campos de maíz de esta zona, las armas solo estaban destinadas a durar una década antes de que llegara un sistema más nuevo.
Cincuenta años después, estos misiles (llamados Minuteman III) siguen en alerta, atendidos por miembros de la Fuerza Aérea de Estados Unidos en equipos de dos personas que pasan 24 horas seguidas bajo tierra frente a terminales analógicas de la década de 1980, descodificando mensajes y realizando pruebas en los sistemas de los misiles para comprobar si todavía pueden lanzarse en caso de necesidad.
Pero no es la edad de las armas o la tecnología de hace décadas lo que preocupa a sus operadores. Es que los fabricantes originales que suministraron los engranajes, tubos y otros materiales para arreglar esos sistemas hace tiempo que desaparecieron.