LOS ÁNGELES— En una mañana de primavera, Sylvia Méndez entró en un salón de historia de octavo grado en Santa Ana y comenzó una ponencia que ya había dado cientos de veces. A sus 85 años, se mantenía firme con un bastón.
Su voz era suave, pero su mensaje fuerte.
"Nunca se distraigan", le dijo a los alumnos que tenía enfrente. "Tienen que luchar por lo que quieren".