Michael Keasling, de Lakewood, Colorado, era un electricista al que le gustaban las camionetas grandes, los autos rápidos y las Harley-Davidson. Había luchado contra la diabetes desde la adolescencia y necesitó un trasplante de riñón de su hermana para seguir vivo. En agosto ya estaba bastante enfermo cuando contrajo el virus del Nilo Occidental, tras la picadura de un mosquito infectado.
Keasling pasó tres meses en hospitales y en rehabilitación. Murió el 11 de noviembre, a los 57 años, por complicaciones del virus del Nilo Occidental y la diabetes, según su madre, Karen Freeman quien dijo que lo echaba mucho de menos.
“No creo que pueda soportar esto”, expresó Freeman poco después de su muerte.