
“¿Habéis pensado alguna vez en la muerte?” La pregunta hace saltar todas las alarmas, también la propia. Como si la voz cuestionadora fuera ajena y hubiera irrumpido de profundidades desconocidas. De un día para otro, Barbie ve aparecer rendijas en su vida perfecta: ya sea en forma de reflexiones existenciales, ya sea en forma de pies planos y celulitis en los muslos, ya sea en forma de leche caducada y agua de la ducha matinal bien fría. “¿Habéis pensado alguna vez en la muerte?”, suelta la protagonista, rompiendo la paz social en Barbieland, el mundo colorista, concretamente de color rosa, donde viven todas las versiones de la muñeca (más allá de cuerpos y color de piel, la diversidad incluye a la Barbie embarazada o la que va en silla de ruedas), y todos los Kens. Un soleado paraíso de fantasía donde ellas cortan el bacalao, gobiernan, ganan Premios Nobel y ocupan las doce sillas del Tribunal Supremo, mientras ellos son simples accesorios que a duras penas recuerdan su nombre sin sufrir un ictus.
