DALLAS— Cuando uno tiene 80 o 90 años, o tal vez 70 o 60, puede pensar que el tren del ejercicio ha abandonado la estación y que se está perfectamente feliz al no estar a bordo.
Pero el ejercicio —o el movimiento, si suena menos intimidante— es imperativo y factible sin importar la edad.
"Mi madre sale a un pasillo de la residencia para ancianos en donde vive en Florida, y camina de ida y vuelta varias veces al día", dijo Eduardo Sánchez, director médico de prevención de la Asociación Americana del Corazón. "Si mi madre de 87 años puede salir a la calle y hacer eso, todo el mundo puede hacerlo y sentirse bien al hacerlo. Nunca es demasiado tarde para empezar".