En los últimos dos años, la Ciudad de Chicago ha tenido dificultades para atender a los migrantes indigentes que llegan desde la frontera sur. La mayoría de ellos, unos 30,000, son de Venezuela, un país sudamericano cuya economía se ha colapsado.
Pero la cantidad de venezolanos en Chicago no se compara con la cantidad de personas que han migrado en la última década a su vecina Colombia. Solo Bogotá, la capital, ha recibido más de 600,000.
Esta primavera, fui a Colombia para ver cómo ese país más pequeño y menos próspero ha manejado su afluencia de venezolanos.