CHICAGO— El pasado mes de marzo, cuando Armani Nightengale esperó en el coche para vacunarse contra el COVID-19 en United Center en Chicago, su esposo estaba más nervioso que ella.
Durante las dos semanas siguientes, le revisó cuidadosamente el brazo para asegurarse de que no había ningún problema. Entonces, la conversación se centró en cuándo se vacunaría él.
Fue entonces cuando las cosas se volvieron más "combativas", dijo Nightengale, ya que ella empezó a preguntarle por qué se negaba a hacerlo, especialmente teniendo en cuenta que tenían tres hijos pequeños. Su esposo, por su parte, se sentía inseguro acerca de cómo afectaría a su estatus migratorio el hecho de registrarse para la vacunación.