CHICAGO - Tras más de 1,200 días en prisión preventiva por el asesinato de Laquan McDonald, el ex policía de Chicago Jason Van Dyke está a punto de volver a casa.
La decisión del patrullero blanco, el 20 de octubre de 2014, de disparar 16 veces contra McDonald cuando el adolescente afroamericano se alejaba de los policías mientras sostenía un cuchillo, parecía destinada a alterar la trayectoria de una ciudad plagada desde hacía tiempo de denuncias de brutalidad policial y de un código de silencio que permitía el atropello rutinario de los derechos de los ciudadanos.
Y, en muchos sentidos, la ciudad a la que volverá Van Dyke ha cambiado.