WASHINGTON— Muhammad, miembro de un grupo minoritario que es perseguido en Pakistán, sueña con convertirse en abogado —concretamente en abogado de inmigración— para poder ayudar a personas como él.
Este joven de 28 años, quien ahora trabaja como investigador en una universidad de Ivy League, ha recibido asilo, una estricta norma bajo la que pueden resguardarse quienes sufren persecución en sus países de origen por su raza, religión o creencias políticas.
Pero la larga espera de Muhammad para obtener la tarjeta verde ha volcado sus planes. Fue aceptado en la facultad de derecho para el otoño de 2020, pero no podía pagarla sin la matrícula estatal, solo disponible para los ciudadanos estadounidenses y los residentes permanentes. Ha aplazado la matrícula los dos últimos años, con la esperanza de que su tarjeta verde fuera aprobada a tiempo.