BALTIMORE— Cuando Emily Johanson perdió su teléfono el mes pasado mientras corría hacia una clase de ejercicio en Movement Lab de Remington, en Baltimore, su compañía telefónica y la empresa que lo fabricó le dijeron que la única opción para recuperarlo sería ponerse en contacto con las fuerzas policiales.
Sus amigos le dijeron que se despidiera del teléfono y siguiera adelante.
Pero Johanson no estaba dispuesta a darse por vencida.