Cuando María Gloria Domínguez-Bello viaja a la selva amazónica y le cuenta a los aldeanos el motivo de su visita, la primera respuesta que obtiene suele ser una risa.
"¿Vino hasta aquí solo para ver mi caca?", le preguntan.
Ella lo hizo —sin ánimo de broma— y lleva más de 20 años haciéndolo.