Este es el tercero de una serie de reportajes sobre la crisis política y económica de Bolivia. Lea la primera parte y la segunda parte aquí.
LA PAZ, Bolivia — Sábado, 23 de mayo de 2026 — Lo que comenzó hace tres semanas como una ola de descontento económico se ha agriado en algo más oscuro y más deliberado: una campaña coordinada de violencia diseñada no para arrancar concesiones a un gobierno, sino para destruirlo. Este sábado, mientras el ministro de Obras Públicas de Bolivia encabezaba una caravana humanitaria ondeando banderas blancas por la carretera La Paz–Oruro, fue emboscado — no una, sino dos veces — por manifestantes armados con dinamita. Durante horas se desconoció su paradero. La pregunta que Bolivia debe plantearse ahora ya no es si estas protestas representan una voluntad popular legítima. Es quién mueve realmente los hilos — y por qué no pueden permitirse que Bolivia tenga paz.