Los padres están cansados.
Por ejemplo la auxiliar de enfermería Tammi Lewis, quien perdió semanas de trabajo y 7,800 dólares de sueldo cuando el aula de la guardería de su hijo en Plymouth, Minnesota, sufrió brotes de COVID.
O como Kelsey y Christian Dahlager, de St. Paul, Minnesota, que pagan 3,000 dólares al mes por el cuidado de sus dos hijos —una cantidad superior a la inscripción en una escuela comunitaria y 300 dólares más de lo que un padre que obtiene el salario mínimo se ganaría en un mes— y que, sin embargo, se encuentran algunos días haciendo malabarismos para al mismo tiempo trabajar desde casa y cuidar de un bebé y un niño pequeño, porque los cuidadores están enfermos.