Para Perla Hernández, de 42 años, laborar durante la pandemia en un Burger King en las afueras de San José ha sido una experiencia desgarradora.
Ocho de sus compañeros contrajeron COVID-19 durante sus dos años en la empresa. Entre ellos, un supervisor cuya prueba positiva se le ocultó mientras trabajaba horas con él, y otro gerente le rogó que no se marchara porque el restaurante tenía muy poco personal.
La empresa le proporcionó una mascarilla y guantes protectores al comienzo de la pandemia, pero no se encargó de reemplazarlos, a pesar de que éstos estaban hechos trizas antes de que terminara su turno.