WASHINGTON – El día después de los ataques del 11 de septiembre, Estados Unidos lanzó una advertencia a los talibanes: Ningún gobierno que dé cobijo a los terroristas estará a salvo de las fuerzas militares estadounidenses.
"No haremos ninguna distinción entre los terroristas que cometieron estos actos y quienes los albergaron", dijo entonces el presidente George W. Bush.
En pocas semanas, Estados Unidos había invadido Afganistán para derrocar a los talibanes y dar caza a los agentes de Al Qaeda responsables de los atentados de 2001.